Notas de ensayo

Toda obra es un deseo defendido largo tiempo. Hay que abrirse paso en la maraña de imprescindibles, demandas y urgencias, robar vida a la vida para que una idea deje de serlo y tome forma. Nunca es fácil, pero cada vez es más difícil en este presente argentino que nos toca y elegimos. Empecemos por ahí: por las elecciones tomadas a conciencia y las que se toman solas. 

Si la Luna se convirtió en una compañía sobre la marcha y en la práctica. Unimos fuerzas para cuidar nuestra pulsión creadora. Diez años después, seis obras en el mientras, acá seguimos. En el mundo postpandémico la itinerancia afianzó el sentido de nuestro oficio. El paisaje de ruta se nos hizo constante, se instaló la poética del auto: la estación de servicio, el tiempo detenido en lugares de paso donde cualquiera se convierte en otro. La provincia bonaerense se desplegó como horizonte de conquista. No lo sabíamos entonces pero ahí, tan enorme y evidente, se encontraba gran parte del imaginario de esta obra: sus sonidos, espacios, personajes. 

La dirección escénica consiste en creer que se sabe algo, aunque rara vez podamos explicar qué. El conocimiento, si tal cosa existe, se basa en la experiencia que tengamos como público. Qué nos aterra, indigna o aburre en el teatro, qué amamos y esperamos de él. Qué hace que una obra represente un antes y un después. Pasa poco, casi nunca, pero lo experimentamos en más de una ocasión y es gracias al impacto de esos momentos que nos dedicamos a esto y no a otra cosa. Ambicionamos que nuestro teatro haga por otros, eso que alguna vez el teatro de alguien más nos hizo. 

Encaramos una dramaturgia donde acción y personaje, luz y espacio, texto y movimiento, luz y voz, cuerpo y objeto generan duplas de sentido. Para ir más allá de lo conocido son imprescindibles nuevos compañeros de aventura. Tuvimos la suerte de trabajar desde el inicio con Sofía Grenada - artista de  la danza, creadora e intérprete - como colaboradora en el ámbito de movimiento y cuerpo expresivo. Su mirada aporta una lectura que no sólo complementa nuestras ideas, sino que les otorga una dimensión mucho más osada y poética. 

La misma suerte tuvimos cuando Lucía Feijoó, maestra de la iluminación escénica, puso su experiencia y sensibilidad al servicio de un universo que con su propuesta terminó por adueñarse del espacio y adquirir el volumen y la contundencia necesarias. A menudo la puesta de luces se demora y aparece como un factor técnico de cierre. En esta ocasión contamos con un guion de luces tres meses antes del estreno y ahí comenzamos a asimilar la alquimia de todos los elementos. 

Dirigir es confiar. En la intuición, el humor, el sentido del ritmo y la belleza que adquiriste gracias a esos referentes que aparecen toda vez que necesitás buena compañía. Confiar en quienes ponen el cuerpo y escuchan tu lectura de las cosas, las infinitas cosas que no siempre se traducen fácilmente. Dirigir es encontrar la forma de fijar un qué sé yo que se logró jugando mientras se iba hacia otra cosa. Señalar el accidente como llave, la frustración como respuesta, el error como posibilidad. Rescatar lo que en cualquier otro momento ignorarías. La potencia de la actuación es un criterio compartido. En este montaje decidimos corrernos del mal llamado naturalismo y explorar una organicidad distinta para habitar dos personajes que brotaron de la acción y la escucha. Dos criaturas que demandan precisión, ritmo y profundidad. 

También elegimos alejarnos de las nociones de argumento y conflicto. Asumimos que ese esquema tradicional de fuerzas no responde a lo que hoy necesitamos crear y compartir. Apostamos por la acción poética, los objetos, el vestuario, el espacio, y nos entusiasmamos con el factor sonoro. Apelamos a cuanto dice y expresa. El texto apenas es una excusa para abordar las inquietudes que arañamos: la soledad, el miedo, el vértigo ante un presente del que se entiende cada vez menos, la violencia cotidiana, el futuro incierto y el pasado mentiroso. 

Por lo que fuimos es una producción autogestiva que testimonia nuestro empeño por descentralizar la producción y la exhibición escénica. Trabajamos seis meses como compañía residente del Teatro Español de Pigüé y, gracias a su apoyo, este estreno es un evento cultural del sudoeste bonaerense, pero también una producción nacional que muestra cómo la naturaleza indomable del teatro se impone en todas partes.

Estrenamos convencidos de que es la primera de muchas funciones de un proyecto federal e itinerante. 

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Por lo que fuimos se estrenará el 7 de agosto a las 21h. en el Teatro Español de Pigüé

 

Ficha Técnica

Fotos de ensayo de Bruno Alberstein